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Miyavi: Una Tragedia Jamás Contada

AVISO: LO ESCRITO A CONTINUACIÓN PROFUNDIZA EN DETALLES DEL PASADO DE MIYAVI A LOS QUE HIZO ALUSIÓN EN OCASIONES. ESTA HISTORIA CONTIENE TODO LO QUE NUNCA CONTARÁ.
SI LEES ÉSTO TEN EN CUENTA DOS COSAS, NINGÚN PJ CONOCE ESTA PARTE DE SU HISTORIA Y ES UNA TRAGEDIA PARTE CORAZONES.

SI NO ESTÁS FUERTE EMOCIONALMENTE NO SIGAS LEYENDO
Y TEN A MANO MUCHOS PAÑUELOS

 

Desde que llegó a este continente el señor Miyavi no ha parado de dar que hablar, quien más quien menos conoce a este extranjero aficionado a celebrar eventos sociales de intercambio cultural, quien más quien menos tiene su propia idea creada sobre este peculiar personaje.

Para algunos es el hasiático que abrió una escuela de teatro en Grana, para otros el rastas que se besa con un fauno en público, el cuarentón con el que puedes salir una semana entera de fiesta o el tipo bajito que gusta de vestirse y maquillarse como una mujer, hay quien asegura que lo vio cantarle haikus a los cerezos derramando sake sobre sus raÍces y quien afirma haberle visto las joyas de la corona bajo las faldas cuando pronunció un discurso subido en el tejado de su teatro.

Denostado por unos, aclamado por otros, no suele dejar a la gente indiferente a su paso. Y en estos momentos se lamenta de ser tan famoso, con una gentil sonrisa oriental firma un autografo a la entrada de unas termas en Drieghan, suspira tras ello y se desliza al interior esperando hallar algo de tranquilidad.

El señor Miyavi sólo tiene poco más de 40 años pero se siente como si ya hubiese vivido más vidas de las que hubiera querido contar, frotándose los nudillos se mete en el agua caliente. Últimamente las articulaciones comienzan a molestarle con el frío y a pesar de ello pretende embarcarse en una expedición a través de Nieveterna... el grifo económico desde Haso acaba de cerrarse hacía poco y necesita nuevas fuentes de ingresos.

Mete las manos en el agua y flexiona los dedos, abriendo y cerrando, mientras piensa en su país de origen.
Precisamente allí en ese mismo instante dos individuos hablan sobre él en Puerto Ratt, uno es un lugareño, el otro un elfo ataviado en un esmoquin elegante con sombrero de copa.

- ¡Uy, sí! Claro que conozco a ese tipo, estuvo envuelto en asuntos que molestaron al Imperio hace una década
-afirma el lugareño mientras ataca a un plato de fruta delante de él- me sé todo lo que pasó porque lo vi de primera mano.
- ¿También estuviste involucrado en esos asuntos que incomodaron a vuestro emperador? -el elfo enarca una ceja cómodamente recostado en la silla con una pierna cruzada sobre la otra, los codos sobre los brazos del decorado asiento y las enguantadas manos elegantemente extendidas ante él con las yemas de los dedos tocándose, de vez en cuando los índices se separan señalando a su interlocutor.
- ¡Que va! Los antepasados me eviten meterme en semejantes jaleos -señala a un campanario cercano- yo era el encargado de la campana portuaria y desde mi puesto pude ver como se desarrolló todo durante meses.
El elfo dibuja una cara de interés para dorar bien el sentimiento de importancia que crece en el pecho del hasiático, éste se inclina hacia él.
- Todo comenzó con una moza, ya ve usted...

 

Miyavi acababa de cumplir 30 años, se había graduado como actor de Teatro Kabuki a los 25 y en apenas cinco años sus actuaciones le habían traído el suficiente renombre como para serle ofrecido un puesto de profesor en grado de Maestro Aprendiz. Toda su vida se centraba en dos sencillas cosas: las obras de teatro y las juergas con sus compañeros de profesión y las múltiples amistades que se había labrado entre las gentes más humildes.

Entre dichas conocidas se encontraba una Maestra de Geishas, la cual se le acerco una tarde en el barrio de los estanque con una petición inusual. Había llegado a su tutela una joven imposible de meter en vereda, era su quinta maestra y estaba en el punto en que o desistía de ella o se doblegaba a sus deseos con la esperanza de reencauzarla posteriormente. La muchacha se negaba a ser otra cosa que no fuera actriz de Teatro Kabuki, algo impensable en aquella época y aún en la actual.

Miyavi aceptó intrigado y se conocieron. Ese primer encuentro comenzó cargado de desconfianza por parte de la joven, se mostraba a la defensiva tensando el ambiente, pero una frase suya alumbró una sonrisa en el rostro del aprendiz a maestro, unas palabras que cambiarían para siempre el devenir de la historia en Puerto Ratt.

"Estoy harta de ver hombres interpretando a Mulán sólo porque a las mujeres no se les permita participar en el teatro marcial... es un insulto al espectador, a la feminidad, a todo buen decoro y a la inteligencia misma"

Transcribir el resto de la conversación para que fuese comprensible a aquellos que no sean fans de dicho personaje resultaría un esfuerzo inútil. Hablaron como sólo dos personas apasionadas por un mismo tema pueden hablar, con emoción, sin parar, compartiendo impresiones hasta bien entrada la noche, retándose a recitar pasajes de memoria hasta la llegada del amanecer, éso es todo lo que importa.

¿Queréis leer que Miyavi la cogió bajo su tutela en contra de todas las tradiciones alrededor del Teatro Kabuki? Sin problema, exactamente es lo que sucedió.
Pero si esperáis que os digan que la muchacha se conformó con esas enseñanzas y continuó a la vez su camino como geisha, lo siento, su antigua maestra y su familia también habrían querido poder escuchar semejantes palabras, pero no fue así.

- La cosa es que la chica quería actuar, no iba a limitarse a aprender y ensayar en privado sin nunca mostrarse al público, iba en contra de su ánima, y entonces sucedió -el campanero señala a un edificio con la boca llena de fruta.
- ¿Qué sucedió ahí? -el elfo sigue con la mirada la dirección del dedo del humano observando una construcción que parecía reciente comparada con las demás.
- No exactamente ahi, sino en la posada que había en ese lugar por aquella época. Desde mitad de la tarde a bien entrada la noche casi todos los días alojaba un espectáculo de variedades entre obras de teatro, faquires, geishas y malabaristas.
- Suena interesante.
- Lo era.. los nobles de aquí no lo definirían como lo más elegante y refinado precisamente, pero estaba pensado principalmente para los extranjeros que paran a comerciar, darles lo suficiente de Haso para que se sientan satisfechos y no necesiten entrar mucho más en el imperio a curiosear y esas cosas.
El elfo asiente mientras sirve una copa a su interlocutor que se apresura a cogerla y remojarse la garganta antes de continuar con aires de entendido.
- Pasó que las actuaciones de las geishas poco a poco fueron pareciéndose más a obras de teatro, fue muy progresivo, y cuando quisieron darse cuenta estaban siendo todo un éxito, tanto entre los extranjeros como entre los propios lugareños -afirma para si mismo con la cabeza como recordando- eran buenas las jodías... eran muy buenas. Y éso llego a oídos del Imperio, como no podía ser de otra forma.

 

Al principio el Emperador no prestó demasiada atención al asunto, no estaba especialmente interesado en el teatro ni en sus tradiciones. Sin nadie que la detuviese el nombre de Izumo no Okuni comenzó a extenderse por las calles y atraer a más jovenes doncellas que querían unirse a la carrera teatral. Antes de dos meses quince mujeres estaban aprendiendo bajo las instrucciones de Okuni y Miyavi; cinco compañeros suyos, aprendices de maestro se les unieron y las actuaciones se fueron volviendo más complejas y elaboradas.

El revuelo que se estaba originando alrededor del espectáculo de variedades terminó por llamar la atención de la Oficina de Asuntos Imperiales que de manera preventiva reforzó la presencia de policia imperial en el distrito.

Al cabo de medio año una treintena formada por jóvenes de primer año de la escuela Kabuki y sus hermanas se les unía. Oficialmente se fundó la Compañia Teatral de la Primavera Kabuki y su discurso inaugural se pronunció públicamente en el muelle con la apertura de las primeras flores de cerezo de ese año, cariñosamente el pueblo la apodo como el Teatro Sakura.

La aparente parsimonia e indiferencia del incrementado número de policias en la localidad hizo brotar las esperanzas sobre un posible cambio del paradigma teatral en los corazones de los 52 de Puerto Ratt.
Durante ese Abril muchos corazones florecieron abriéndose y confesándose mutuamente sus sentimientos. Diez bodas simultáneas se celebraron en un gran ritual, dos corazones sin embargo aun callaban sus anhelos, los mismos dos que harían de testigos ante las diez parejas, los mismos dos que habían prendido la mecha iniciando esa revolución.

 

- Fue un rito muy bonito -sigue metiéndose fruta en la boca como si no pudiera parar mientras bebe pequeños sorbos para reblandecerla mientras mastica- es una lástima que no se viesen venir la que les calló encima al poco.
- Las represalias imperiales.
- ¡Exacto! A lo largo de todo el país se estaban alzando voces descontentas ante estos cambios que consideraban una afrenta cuando no una perversión demoníaca. Y algunas de esas voces eran de tradicionalistas muy cercanos al emperador... y muy insistentes.
- Acabó enviando al ejército, ¿verdad? -el elfo lamentó por dentro no haber nacido un par de décadas antes para haber podido presenciar aquellos espectáculos que hicieran tambalearse durante unos meses los cimientos de la sociedad hasiática.
- Ajá Ajá. Enviaron a los musas, a las maewas las dejaron atrás... supongo que temían que simpatizasen con aquellas mujeres que reclamaban un lugar honorable al lado de los hombres y las enviaron a reforzar las fronteras al otro lado del país. Yo habría hecho lo mismo. La cosa es que con el ejército ocupando los puestos de vigilancia en altura.. la policía podia hacer mayor acto de presencia en las calles. Se instauró un toque de queda especial y poco a poco comenzaron a aislar el local de variedades.
- ¿Lo sitiaron?
- No con empalizadas, pero si con presencia de patrullas, parando a todos los mercaderes que pretendían entrar mientras registraban su mercancíadurante horas, e identificando a cualquier cliente que entrase... identificando de anotar en una lista... para que nos entendamos, éso siempre deja mal cuerpo en los ciudadanos... y arrestando a cualquier actor o geisha que saliese del edificio. En unas semanas los cuarenta que permanecían dentro se encontraron solos y sin provisiones...

 

En las termas Miyavi acaricia con nostalgia un tatuaje en el anular de su mano izquierda, eran dos líneas que fluían formando una trenza, una violeta y la otra naranja, se le escapa un trémulo suspiro recordando...

 

Una mañana vio como la policía formaba cerrando el cerco alrededor del local, sabía de sobra lo que iba a ocurrir, en algún momento de esa semana, cuando considerasen que estaban lo suficientemente debilitados por el hambre entrarían con todo para sacarles a rastras, fue a buscar a Okuni.

La encontró en los aseos con una docena de miembros, la mayor parte mujeres de las recientes parejas en estado de buena esperanza, habían reventado con picos el suelo hasta alcanzar la red de sumideros, pretendían escapar por ahí. Miyavi y Okuni les desearon buena fortuna y los vieron partir, después se miraron el uno al otro en medio de aquella estancia convertida en un barrizal repleto de escombros y apestando a fosa séptica, abrieron la boca, vacilaron por un momento indecisos y al fin ambos se susurraron a la vez.
"Cásate conmigo"

 

Las lágrimas inundan los ojos de Miyavi fluyendo por su rostro sin que intente ocultarlas, repiqueteando al caer en el agua de la terma. Había sido una boda rápida, sin testigos, sólo ellos dos confesando todo lo que sentían mientras se tatuaban respectivamente aquel anillo en sus anulares prometiéndose envejecer juntos, violeta por ella, naranja por él, sus colores favoritos. Entrelazados en un ciclo sin fin...

Un ciclo sin fin de tardes que deberían haberse sucedido paseando por los jardines enfrascados en conversaciones sobre tramas teatrales y rimas poéticas, repletos de risas escapando de los bravucones gansos, de apasionados besos bajo la lluvia en medio del mercado y agradables silencios viendo los gloriosos carmesíes del atardecer brillando como rubíes mecidos por las olas del puerto. Un ciclo sin fin de días como los que habían precedido y en los que arraigo y floreció su amor.

Un ciclo que debería haber continuado mientras las canas teñían sus cabellos pero que fue cortado abruptamente tres días más tarde. Cuando la primavera terminó de golpe ante sus ojos y fue separado de la mujer a la que sigue amando, el primer alma con la que había resonado fluyendo en completa harmonía, compartiendo pasiones, sueños e ideales, el único corazón con el que el suyo propio llegara a sentir que todo era como debía ser.

- La docena que intentara escapar por las alcantarillas se encontró a la guardia cubriendo todas las posibles salidas y fue arrestada al completo sin miramientos -el hasiatico parece no poder comer más fruta, hasta se le nota algo hinchado mientras bebe de la copa- ese fin de semana la policía comenzó a golpear con un ariete las puertas del local. Dentro se habían atrincherado reforzándolas y tapiando las ventanas, el día avanzaba y parecía que iban a resistir toda la noche cuando repentinamente las abrieron desde dentro rindiéndose, la policía entró repartiendo porrazos a todo el mundo y los fueron sacando a rastras hasta la plaza de el muelle.
- ¿Se rindieron de pronto asi sin más? -el elfo se inclinó hacia delante extrañado, no le parecía encajar con el carácter de la pareja revolucionaria.

Varias imágenes inconexas pasan por la mente de Miyavi, esos últimos momentos de la resistencia siempre le resultaban confusos, solo retenía fragmentos como si hubiese un velo espeso sobre todo lo demás. Okuni llegando apresurada porque había oído a los musas avanzando por las alcantarillas. La certeza de que si entraban antes que la policía ninguno saldría vivo de aquel lugar. La desesperación de todo el mundo gastando sus últimas fuerzas en retirar las barricadas que habían colocado reforzando las puertas. La luz de fuera cegándolos cuando éstas se abrieron cediendo ante los golpes del ariete. Los gritos y porrazos, el ser arrastrado por encima de astillas y escombros, y luego... el peor momento de su vida, cuando toda alegría se desvaneció de su pecho.

- La chica se volvió loca -el campanero lo dice como quien comenta que llueve mientras se hurga en los dientes con una astilla de madera- vio como le prendían fuego al local y se puso como una energúmena - el elfo hace una efímera mueca de malestar ante la indiferencia del hombre- se levantó cargando contra un guardia, desenvainó la espada robándosela y se lio a sablazos, al menos media docena de policías perdieron la mano con la que sostenían sus arma antes de que fuese abatida a flechazos por los musa.

Miyavi se derrumba llorando en la terma, destrozada la máscara de hasiático alegre, fiestero y despreocupado sólo resta un hombrecito abatido por su pasado. Con la cabeza escondida tras sus rodillas, mientras la última imagen su esposa persiste en su retina, sus manos recorren las cicatrices de su espalda. Un recuerdo de su paso por la cárcel.

 

Durante un mes yació en un olvidadero sin moverse, catatónico, la mugre se acumulaba sobre su cuerpo a medida que sus barbas crecían y se enredaban, rodeado de sus propios orines y excrementos parecía más bien la carcasa vacía de un hombre.

Al cabo de ese mes lo trasladaron a una prisión junto a 15 de sus compañeros que habían sido identificados como los cabecillas del movimiento por la treintena más joven, los otros cinco no habían sobrevivido a aquel encierro. Durante una estación entera lo sometieron a torturas e interrogatorios. Lo único que impidió que perdiese la cordura durante ese tiempo fue un erizo que le acompañaba en su celda. El actor parecía encontrar consuelo hablando al pequeño animal, y éste en ocasiones parecía responderle con sus peculiares soniditos.

Al final de su cautiverio, Lo único que evitó que sufriese el mismo destino que le estaba reservado a sus compinches fue una intervención por parte de su padre.

 

- Resulta que el tipo era un capitán de los Colibríes, unos cazayokuais al servicio de la Familia Imperial. El hombre tiró de contactos y consiguió que perdonasen a su hijo.
- ¿Salió de rositas mientras todos los demás cumplían su condena?
- ¡Ja! Quizás esa salvación haya sido una condena a su manera. Los quince cabecillas fueron condenados por traición y ejecutados, a él se le obligó a ser testigo y poco después abandonó el país con el encargo de fundar una escuela de Teatro Kabuki en el continente al otro lado del Margoria, una manera elegante de exhiliarle para siempre.
- ¿Y los otros treinta? ¿Qué fue de ellos? -el elfo se pone de pie y se atusa las mangas tras alisarse el chaleco. Se mira en un espejo arreglándose el cuello - ¿no tuvieron castigo?
- Trabajos forzados en un campamento de readoctrinamiento -suelta un eructo con los labios algo amoratados - los que salieron de ahí fueron reubicados separados a lo largo del país.

Miyavi consigue recomponerse un poco, recorre con el dedo los treinta nombres tatuados con kanjis a lo largo de su pierna, los quince a lo largo de su brazo, los cinco en su pecho... le habían condenado a vivir cuando habría preferido lo contrario... Sin embargo se había prometido a si mismo aprovechar todo el tiempo que le quedase por delante, hacer que cada hora contase como si fuese la última, vivir él por todos aquellos que había perdido y continuar su lucha cada día, con el teatro, creando las bases para una sociedad más igualitaria a través de algo tan aparentemente inocuo como una obra pero que poco a a poco iba calando en la gente a su alrededor, germinando, transmitiendo un mensaje muy claro.

Lucha... si crees en ello... vive y lucha.

Con su máscara de señor respetable puesta se salpica la cara con agua de las termas y se levanta cogiendo una toalla. Era hora de salir ahí fuera y seguir viviendo.

Mientras tanto en Puerto Ratt el humano se frota las encías con cierta molestia.

- Por cierto.. ¿cómo decías que te llamabas, amigo?
- Nunca lo dije -se pone unas gafas con cristales tintados y sale de la habitación, al bajar por las escaleras se levanta educadamente el sombrero de copa ante un par de ancianas con las que se cruza, a todas luces se trataba de un elfo exquisitamente educado.

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Actualización desde Puerto Ratt:
se ha encontrado al antiguo farero muerto tras ingerir una bandeja de aguacates envenenados, las autoridades no tienen ningún sospechoso.

Agente Sanshi a Cuarteles El Hombre Misterioso en Calpheon

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