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La bruja, el elfo y la sacerdotisa

— Skar — 

Pareció que pasaron siglos desde que cierta muchacha vivía con su familia en una de las granjas colindantes a Tarif, una curiosa aldea establecida en las orillas del río Junaid. Ella vivía feliz con sus hermanos y con sus padres… No eran más que humildes granjeros dedicándose al cultivo de la patata en Mediah. Sin embargo, en un día aparentemente cualquiera, el cielo se tornó del color más negro jamás visto hasta la fecha. Toda la región de Mediah se sumió en una completa oscuridad. No había rastro del sol, de la luna o de las estrellas y la gente se desesperaba por buscar antorchas para protegerse de ese extraño mal. El frío se apoderó del territorio, las cosechas acostumbradas a los días soleados se pudrieron y muchas personas perdieron la cordura. La gente se volvió hostil, gritaba histérica pidiendo auxilio en las puertas de Altinova que yacían cerradas... Todo ello comenzó a las escasas horas del primer día.

Cierta joven temblaba encogida abrazándose a sí misma en una esquina del salón. Sus hermanos, sus hermanas, su padre, su madre… habían ido fallecido frente a ella en el segundo día tras tantos intentos de búsqueda de ayuda por la aldea y por la capital sin ningún éxito. “Hay mucha gente como tú” le habían dicho a ella. Los ignoraron. La putrefacción se adueñó de la granja, la perdición la estaba acechando en el comienzo del tercer día… y es posible que el odio y la amargura la salvasen. Abrazó a la muerte como si fuera una nueva amiga y su predisposición a la magia oscura hizo que una extraña energía se apoderase de su ser. La locura se apoderó de ella y, en efecto, ganó un poder digno de una hechicera, pero perdió su nombre. Apenas recuerda que empezaba por “V”.

Al finalizar el tercer día, el sol volvió a salir en el horizonte y esa oscura e insana magia se dispersó. Las gentes de Mediah lograron salir adelante, preguntándose el porqué de lo ocurrido… llamaron a ese suceso “Los tres días de oscuridad”. Y cierto es que la región no volvió a ser la misma de siempre.

En realidad, tan solo pasaron un par de años hasta nuestros días, en los que los mediahnos conocen la existencia de una temible hechicera que se volvió cazarrecompensas, y de las que aceptan encargos inmorales como la extorsión, el robo, el secuestro o el asesinato. “Maniática”, “impulsiva”, “traicionera” la describe la gente. La corrupción de esa energía se había apoderado de la que hoy se hacía llamar “Skar”, y sin lugar a dudas su desquiciada personalidad resultaba llamativa allá por donde segaba con su guadaña. Muy pocos en Tarif saben de su desdichada historia y que la granja donde vivía ahora es una guarida de hiénidos, y por supuesto muy pocos viven para contarlo.

Entonces una noche recibió un encargo de lo más inusual allá por el sur del continente. En una de sus impetuosas búsquedas para aumentar su poder se cruzó con una extraña. Más extraña que la propia Skar, queremos decir. Vestía con ropas oscuras que inspiraban cierta elegancia y su cabello combinaba los colores azul y morado, dejado a un lado para mostrar una de sus largas orejas puntiagudas. Era una pálida elfa en sintonía con la Luna Llena de esa nocturnidad, de ojos de un misterioso color violeta… aunque algo bajita para su raza quizá.

 

—¡Om! ¡Genial! Precisamente te estaba buscando a ti, Skar… —dijo con una voz atrevida, en absoluto era humana, y ladeaba una sonrisa divertida. —Andas buscando poder en las Tierras Inhóspitas de los Orzeca ¿verdad?

Skar miró a la elfa de arriba a abajo, frunciendo levemente el ceño ocultando su sorpresa.

—Quién eres. Cómo sabes mi nombre.

—Ay… Te conocemos bien. Observamos a los humanos de vez en cuando. Solo a aquellos que merecen la pena, o al menos los que nos llaman la atención. Y soy alguien que viene de parte de su hermana para pedir un trabajo. Te daremos mucho a cambio, eh.

—¿Mmm? ¿De qué estamos hablando?

—Estamos hablando de la oportunidad de unirte a nuestra Causa, entrenándote y volviéndote más fuerte. Mi hermana sería la instructora, yo paso un poco de esas cosas… pero me manda a mí para mediar contigo— y la elfa la dedicó un guiñito de ojo.

—Vamos, que eres su palomita mensajera—recalcó Skar bajando los hombros como si ahora estuviera hablando con una cualquiera.

—Aaaalgo así… pero me paga bien, jé—celebró para sí la elfa, sin perder esa sonrisa en el rostro, pareciendo encantada con su posición. —Mi hermana quiere que captures a algún luthragon que haya por ahí suelto.

—¿Luz el dragón? —preguntó Skar haciendo mueca de no haber entendido bien.

—Luth-ra-gon. Elfos. Varones ¿Lo pillas?

—¿Eso existe?

—¡Pues claro que existen! ¡Salieron del árbol de Kamasylvia hace tiempo!

—…. Ah.

—Mi hermana los necesita vivos. Quiere experimentar con su energía. Es muy poco lo que se sabe de ellos y su relación con la Causa. Y ya de paso esclavizarlos. Nos gusta ese rollo en O’draxxia. Ah, por no hablar de que te dejamos cortarles una oreja para sacarte un dinero extra.

Skar se quedó mirando a la elfa arrugando la nariz. Tras unos momentos de silencio pensando sobre esa oferta habló.

—Está bien ¿Cómo se llama tu hermana?

—No te lo puedo decir por ahora… Pero puedo presentarme yo. Me llamo Esthella.

Entonces Skar y Esthella habían cerrado su contrato y la cazarrecompensas se dispuso a perseguir a todos los elfos varones que encontrase por el continente, y ya de paso seguir sembrando el caos allá por donde iba, pero tal y como había advertido aquella ahib, había muy pocos luthragon de esos… hasta que halló uno.

Era un elfo rubio de ojos azules, bastante alto y pálido. Ese día estaba saliendo de Altinova tras haber acabado unos encargos (esos sí que eran legales, vaya) con los que ganó una buena suma de dinero para pagarse una casa por la región de Serendia. Y fue a la salida de la ciudad cuando Skar y él se enfrentaron. Fue una pelea bastante cruda. No esperaba que ese elfo usase tan bien el arco, y esa energía luminosa que le envolvía no la había visto anteriormente… Consiguió acertarle un profundo tajo en el pecho, pero él consiguió disparar a su ojo derecho.

No está claro cuál de los dos decidió huir del otro antes. El “duende” se dirigió al Templo del Kamarbor en Mediah y ella… perdió ese ojo. Sus poderes le permitieron sustituirlo por un globo ocultar de un luminoso color azul… La rabia la volvió a invadir.

Aprovechó numerosas ocasiones para vengarse de él. En una ocasión incluso le llegó a secuestrar, pero por una mala estrategia en Heidel le salió el tiro por la culata. Le llegó a maldecir con una oscura semilla que le enfriase el cuerpo poco a poco hasta sentirse perdido, aumentando las sensaciones negativas, aprovechando sus debilidades, pero entonces una sacerdotisa de un no-se-sabe-qué-rincón-del-mar le acompañó al Kamarbor para purificarle… Esa sacerdotisa decidió perseguirla para “purificarla” a ella también… Maldita pesada…

— Eru —

Entonces era invierno y hacía tremendo frío cuando Eru estaba caminando por el Bosque de Longifolia trabajando unos días para el puesto de avanzada de las ganelle, ese árbol tan alto con una cabaña en la que de vez en cuando dormía. Esa zona tan próxima a las montañas de Kaia le daba nostalgia por esos tiempos en los que se había ido de Kamasylvia y no tenía un lugar a donde ir. Lo mismo dormía en una cueva como lo mismo al día siguiente dormía al raso al lado de una fogata. Fue allí donde siguió entrenando con su arco contra los cíclopes de la zona y donde conoció a Trueno, el pequeño lobo negro del que se hizo amigo. Sin embargo, ahora tenía un hogar en Heidel junto a personas que eran especiales para él. Hace un año su viejo amigo Bermer, el berserker, le habló de encontrar una manada con la que vivir y no solo sobrevivir… y no solo fue eso, sino que conoció a alguien con quien quería compartir su vida. Tenía ganas de terminar el trabajo en ese bosque, regresar a la ciudad de Heidel, comprar unos aguacates en la frutería, llegar a casa y darla un beso.

El trabajo que la jefa le pidió hacer aquel día era visitar Villacrío, ya que al parecer las nutrias que vivían allí llevaban compartiendo el mismo sueño durante varias noches seguidas. Cuando llegó, la pesadilla que inquietaba a las nutrias se había hecho realidad. Estaban siendo atacadas por una bandada de cuervos algo deformes, con un aura de color púrpura y azul que les hacía verse fantasmagóricos, producto de algún tipo de magia oscura. Precisamente los cuervos eran la raza de ave con la que Eru estaba en sintonía, pero aquellos estaban corruptos, no le hacían caso. Una de las casitas de la aldea explotó y un par de nutrias saltaron por los aires chillando “cuuuuuuuuiiiii”. Eru corrió hacia una de ellas, a la que veía que estaba cayendo, y la tomó en brazos a la carrera… después se tropezó con una piedra y cayó de un planchazo en el suelo, protegiendo a la nutria como pudo envolviéndola entre sus brazos.

—Aaaaaaa…

La nutria dio unos toquecitos al elfo, pidiendo que se moviese cuanto antes. Eru trató de reincorporarse haciendo unas leves muecas de dolor por la caída. Cuando miró al frente… estaba esa hechicera, levitando en al aire con su guadaña, preparando una bola de energía oscura para atacarle.

—Eres mío, duende —gruñó entre dientes.

Eru frunció el ceño, entre poco y nada apeteciéndole enfrentarse a esa loca otra vez. Pero había hecho daño a las pobres nutrias de esa aldea. Y eso no molaba. Descolgó el arco de su espalda y apuntó con una flecha, canalizando esa luminosa energía que se manifestaba como chispas o rayos a su alrededor. Disparó y empezaba la peleaba entre la hechicera y el luthragon una vez más. El ojo derecho de Skar se iluminaba a la par que pronunciaba una mueca de ira.

—¡No te metas, duende! ¡Hoy no estoy contigo!

—¡Primero deja en paz a la gente! … ¡Y las nutrias cuentan como gente!

La hechicera ganó terreno, esquivando como podía las grandes flechas del elfo. Movió su guadaña y trató de cortarle por la mitad, pero él lo paró con el propio arco. Aquel gran arco era mucho más fuerte que antes, gracias a esas veces reforzándolo en la herrería de Heidel (Vamos, que el arco de Eru subió a PEN :D), y acompañado por el estruendoso sonido de un trueno, el arco se iluminó, echando hacia atrás a la hechicera, cegada por aquella energía tan pura y luminosa. La magia élfica era una molestia, un incordio.

—Grrr…—gruñó Skar tratando de levantarse con su cuerpo envuelto en humo oscuro, un humo que la hacía aparecer y desaparecer. —¡No eres más que un desgraciado que no completó su entrenamiento por ser un fracaso en Grana…!

Eru apretó los labios, algo cabreado. Preparó otra flecha luminosa apuntando, fijando la vista en Skar.

—No me conoces…

— “Cuando hay un rayo

sabes que habrá un trueno.

La tormenta solo se vuelve más fuerte

cuando sientes el dolor bajo la lluvia.”

 

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Skar caminó hacia él a paso lento, ladeando ligeramente la cabeza, inexpresiva, como si no tuviera sentimientos. Un aire misterioso y tétrico se apreciaba en aquella mujer. Varios cuervos se iban posando en las ramas de los árboles de alrededor, en el lado de ella eran más bien aves espectrales o corruptas, en el lado del elfo eran cuervos naturales graznando, con la intención de protegerle. Toda una pelea por ver quién sería el señor o señora Cuervo o algo.

—Oh, claro que te conozco. Esos meses con esa semilla en tu cuerpo me hicieron poder conocerte. Un elfo acosado por las elfas con su osito de peluche cuando era pequeño. Un primogénito débil y endeble que no cumplía las expectativas de su padre arquero. Un camarero idiota al que no creyeron…

— “Llega un día

en que no sabes lo que es correcto

y todos tus demonios te tratan de derribar.

Se vuelve tan difícil avanzar

que se siente que caer es la única salida.”

Eru bajó levemente las cejas, acto seguido frunció más el ceño, y comenzó a disparar proyectiles tan rápido como relámpagos.

El humo oscuro hizo desaparecer a la hechicera, impulsándose hacia él para cerrar las distancias con el elfo. En ese momento Eru no reaccionaría para cubrirse. No llevaba escudo. No llevaba armadura. Y la hoja de la guadaña iba directa a su pecho una vez más, como si quisiera arrebatarle su corazón.

— Akame

—“¡…Pero rendirse no está en mi sangre!”

Aquel humo negro fue bloqueado por otro tipo de humo, de color escarlata, algo luminoso. Procedía del incensario del péndulo astral que portaba una mujer vestida de qipao rojo. Llevaba un colorido tatuaje de un dragón margoriano recorriendo su pierna y su hombro. El péndulo iba unido con un lazo a la espada que llevaba en la otra mano y con dicha arma fue capaz de cortar la magia oscura de un tajo. Skar se materializó dando unos pasos hacia atrás sorprendida ¿En qué momento ella había llegado tan rápido interponiéndose entre el elfo y ella?

 

 

—Sacerdotisa… —gruñó Skar con una mirada de odio fijada en la chica de Haso.

—Aaa ¡Wakame! Eee ¡Wakanda! —exclamó Eru sorprendido, con uno de sus colgantes iluminándose: el del círculo dividido en blanco y negro que le regaló la sacerdotisa tiempo atrás.

—Casi. Akame —corrigió aquella chica con un pronunciado acento hasiático, mirando a Eru esbozando una cálida sonrisa.

El elfo apretó los labios con una leve sonrisa tímida, algo cortado por su torpeza en el habla. Akame pensó que Eru entonces estaría bien, ileso, así que fijó la vista en la hechicera, con una inquietante mirada presidida por los iris de sus ojos, de colores cálidos brillando de forma muy tenue como las brasas de una hoguera.

Yamete, Skar. Tus días de caos han terminado.

—Oh, no. Yo no lo creo —contestó la hechicera envolviéndose en más oscuridad, moviendo la guadaña e invocando un afilado disco giratorio de magia oscura que iba directo a por la sacerdotisa y el elfo. Akame guardó el botafumeiro y la espada tras ella para tirar de una cadena a la espalda. Se desprendieron de esta dos chuchillas unidas por una cadena: las sangfanjes de combate. Las usó en forma de “X” para parar ese disco, haciendo una mueca.

—Permanece atrás, Eru —pidió ella. Cuando el disco se desvaneció, tomó impulso hacia arriba tras un destello de color escarlata. Literal, esa chica se lanzó volando y planeando hacia Skar.

—Eeee… —Eru tragó saliva, preguntándose si habría algún día en el que no hubiese algún lío. Sacudió la cabeza, tratando de concentrarse y no pensar en ello y en las viperinas palabras de la hechicera. La compañía de la sacerdotisa se sentía como estar frente a una cálida hoguera en un día de invierno. Arco en mano, tomó posición entre varios árboles para apuntar a Skar y apoyar a Akame desde la distancia.

La pelea que tenían Skar y Akame estaba siendo de otro nivel. La magia de Skar confundía, era caótica, y su guadaña era de un alcance considerable, brindándola además un estilo de combate poco usual, poco acostumbrado a dejarse ver, movido por el odio y la amargura. Por otra parte, Akame se movía como si de un delicado baile se tratase, con maestría, con un acero letal entre sus manos. Trataba de abrasar a la bruja entre destellos de fuego escarlata. La sacerdotisa parecía acostumbrada a combatir, y era rápida como para seguir el ritmo de las apariciones y desapariciones de Skar. En cierto momento complicado del duelo, las sangfanjes aguantaban el palo de la guadaña de la hechicera. Skar miraba con odio a la contraria y Akame fruncía el ceño por el esfuerzo. Entonces una flecha envuelta en rayos atravesó el aire y Skar se separó rápidamente para que no le acertase.

—Malditos… ¡Malditos seáis, gusanos! —se quejaba la hechicera.

Akame aprovechó ese momento de distracción para tomar con los dedos índice y medio un pequeño pergamino rectangular con unos kanjis y un símbolo hasiático pintados en tinta negra para pegárselo a Skar.

—¡Iiiiiaaaa!

—¡Ni se te ocurra, sacerdotisa!

Entonces Skar se envolvió en humo negro y concentró energía para echar hacia atrás a lo que hubiera a su alrededor, acompañado de un destello azulado. Tras eso el humo se dispersó en el aire hasta desparecer. Skar había huído.

Akame tambaleó unos momentos algo aturdida por el destello. Viendo que no estaba Skar, echó un suspiro, algo agotada por el esfuerzo. Cerró los ojos para serenarse y controlar su respiración, inspirando por la nariz y soltando el aire por la boca profundamente. Eru se acercó poco a poco a ella, como controlando cada pisada en la hierba de ese bosque.

—Eee ¿Estás bien?

—Sí… Perdona. Se escapó.

Eru sacudió la cabeza, restándole importancia mirando hacia el suelo, algo pensativo.

—No la hagas caso —dijo Akame mirando hacia él. —Sea lo que sea que ella te diga, aunque parezca que sea real, o no es verdad o no es importante.

El elfo bajó levemente las cejas y relajó algo más la expresión, evitando preocuparse por eso.

—Tienes razón.

La sacerdotisa se aproximó a él con la mano algo alzada como pidiendo permiso, Eru asintió y le puso la mano por el pecho, justo encima del corazón. Akame cerró los ojos buscando si había algún rastro de Skar en él, una revisión del aura de esas suyas que hacía. No encontró nada.

—Sigues siendo de energía nerviosa —se separó Akame con una sonrisa hacia él.

—Pero… ¿guay?

—Sí… No hay nada relacionado con energía oscura ahí dentro. Pero procura no desestabilizarte.

—Aaaaaa intento no… “desastrebilizarme”.

Akame rió sacudiendo la cabeza y continuó hablando.

—La energía élfica esa tuya es muy poderosa. Es como… una pila de chispas algo difícil de contener. Y eso no está ahí porque sí. La magia nace de los sentimientos, de las emociones… Sé que llegado el momento lo utilizas para hacer el bien, pero también te preocupas mucho por las cosas, por tus seres queridos… intenta tener cuidado… por no descargarte.

—… —Eru apretó los labios desviando la mirada.

Akame miró a Eru haciendo una mueca, pensativa. “Ay, pobrecito, aunque sea un elfo más mayor, parece novato en esto de las peleas y las magias raras.” Decidió dedicarle una sonrisa dulce diciendo:

—Me dijo un pajarito que te casas pronto.

—¡¿Aaaaa eeee?! ¡¿Q-Quién?! —Al tímido elfo se le descompuso el rostro. Se ruborizó un poco.

—Me lo dijo Luth —confesó Akame entre una pequeña risa dulce, tapándose la boca con la manga de su qipao.

—Aaaaaa Luth…

—Mh… Es muy importante eso para ti, ¿Verdad?

Akame se quedó mirándolo, con esa mirada que le salía a ella como de verle el alma o algo. Eru miró hacia ella, algo más relajado. Sin perder el rubor en su rostro, contestó con una suave sonrisa, con ese ápice de felicidad que borraba la melancolía que en ocasiones acompañaba al elfo:

—Sí… Mucho.

Akame no pudo evitar si no sonreír hacia él, contenta. Al parecer el elfo sí había encontrado su verdadero motivo por el que vivir y luchar si hiciera falta. Ahí estaba, con su rinconcito en el mundo, fuera de su misión como luthragon… ¿Lograría ella algún día también hacer lo que quisiera, vivir en paz y en armonía…? ¿Su destino trataba de preservar el Equilibrio o de algo más…?

—Aaaaa eeee Akame… tus… espadas esas…

Akame miró del elfo a sus sangfanjes. Apreció unas pequeñas grietas en ambas hojas afiladas.

—Ah…Ksó… Creo que fue cuando Skar invocó ese disco…

—Aaaa puedo acompañarte a repararlo si quieres.

—De acuerdo… ¡Arigato, Eru!

—Eee… También me gustan los gatos.

—Eso es un “gracias”.

Entre risas ambos se fueron del lugar y las nutrias comenzaron a reparar las casitas de su pequeña aldea. Entonces una nutria aterrizó en el suelo por fin, desplomándose formando un cráter en la tierra tras haber salido por los aires.

—¡He vuelto a casa por fin, cuiiii!” —Y la nutria murió. Fin.

— Rebirth (Chinese Version) - [英雄联盟] ->https://www.youtube.com/watch?v=qvkiL2IKX6E&ab_channel=Cherise —

 

— Bonus —

Era un aburrido día en Antibor.

 

La administración del puesto de mando para las expediciones de Lemoria era encabezada una vez más por una ganelle rubia sentada en su silla, resoplando entre libros y montones de informes reposando en su escritorio, amontonándose cada vez más. Luth, la estratega y organizativa de las expediciones de la Guardia, prefirió dedicarse un ratito para ella y su proyecto personal, sacando un cuaderno que yacía hundido entre tanto papel. Al abrirlo vio su proyecto personal. Allí estaba frente a ella, dibujado, con multitud de anotaciones sobre las telas, los metales y todo tipo de detalles sobre su elaboración. Todas las ventajas que esa vestimenta podría aportar a las lemorianas… sería un paso más allá de un simple uniforme kamasylviano. Solo necesitaba a alguien dispuesto a probarlo, y a forjar un arma acorde a una chica fuerte capaz de moverse ágilmente, alguien que pudiera traer algo de luz a Kamasylvia y a todo el continente.

—Necesito presentar esto… necesito presentar el proyecto Jaque Mate.

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WinterMeiFontescura

¿Quería un relato? Tome tres
😀
¡¡Maravillanoso!!